Valores Mínimos Para Crear En La Escuela.

Reynaldo Álvares Millán
Consultor Gerencial
rhalvares@gmail.com

Conservar el Planeta

            La problemática ambiental constituye, en la actualidad, un importante tema de reflexión y de preocupación tanto para el conjunto de la sociedad como para los organismos internacionales, pues su gravedad pone en peligro no sólo la capacidad de los seres humanos de disponer de los recursos naturales necesarios para su bienestar, sino la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus necesidades más elementales y alcanzar un nivel de desarrollo humano semejante al nuestro. La propia definición de paz lleva implícita una estrecha relación entre el concepto de desarrollo humano sostenible, la propia democracia y el ejercicio mismo de los derechos humanos.

            Es evidente que el derecho a llevar una vida digna precisa de un entorno medioambiental saludable, pues el ser humano tiene necesidad de vivir en unas condiciones que le permitan su desarrollo personal de modo saludable en el plano físico, mental y social. Como se expresó en la Declaración de Estocolmo (1972) el ser humano tiene el derecho fundamental a la libertad, a la igualdad y a unas condiciones de vida satisfactorias, en un medioambiente de calidad que le permita vivir dignamente y en bienestar, de manera que proteger y mejorar el entorno natural constituye un deber tanto para las presentes como las futuras generaciones. Y esto exige, sin lugar a dudas, que toda acción encaminada a afirmar ese derecho debe inspirarse en dos principios: equidad, necesaria para asegurar un acceso justo a los recursos naturales en relación con un desarrollo económico y social centrado en el ser humano, y participación de la sociedad civil esencial para cualquier estrategia orientada a la acción. Es por ello que la educación ambiental se define- según la Conferencia de Tbilisi (1977) – como un proceso permanente a través del cual los individuos y la comunidad cobran conciencia de su medio y adquieren los conocimientos, los valores, las competencias, la experiencia y la voluntad de actuar de forma individual o colectiva en la resolución de los problemas ambientales presentes y futuros. La Cultura de Paz como conjunto de valores, consensuados a escala mundial es la pieza clave de una ética global que reorienta las relaciones de los seres humanos entre sí, y de estos con su medio natural. Como ha indicado María Novo (1995): “Autorrealizarse sería, desde esta perspectiva, realizarse en y con todo lo existente”.

            Conservar el planeta, es decir, respetar y cuidar a todos los seres vivos como fundamento ético exige una educación (proceso global de la sociedad por la que se conciencia de las problemáticas mundiales y actúa en consecuencia en relación con unos valores) guiada por tres criterios: Mejorar la calidad de la vida humana; Conservar la vitalidad y la diversidad de la Tierra; y mantenerse dentro de la capacidad de carga del Planeta. Estos criterios fijados en el documento “Cuidar la Tierra” y completados y reafirmados por la Conferencia de Río (1992), sugieren la modificación de las actitudes y prácticas personales y sociales; la sensibilización y formación de la ciudadanía para cuidar y proteger el medio ambiente; y el deber de forjar una alianza mundial a favor de un desarrollo humano sostenible. La educación ambiental, como el resto de “educaciones” derivadas de los principios básicos de la Cultura de Paz y que en nuestro sistema educativo español coinciden con los “temas transversales”, no es un enfoque limitado únicamente a la transmisión de contenidos pertinentes, sino que se interesa primordialmente por cuestiones afectivas y axiológicas. Es por ello que junto con los conocimientos interdisciplinares propios, cualquier proyecto de centro integrado debiera estar orientado por los siguientes objetivos: 1/ Sensibilizar a la comunidad educativa ante las problemáticas mundiales, en concreto, las ambientales; 2/ Adquirir conciencia del efecto de nuestras actitudes y comportamientos habituales sobre el equilibrio del entorno, favoreciendo un clima y cultura del centro basado en los principios éticos medioambientales; 3/ Desarrollar actitudes como centro escolar de solidaridad con todos los habitantes de la Tierra ( basar nuestra acción en el respeto de todos los seres vivos); 4/ Mejorar y disfrutar de los espacios del centro educativo como lugares consagrados a la conservación y respeto de la Naturaleza; 5/ Favorecer experiencias socio-comunitarias orientadas a mejorar la capacidad y las posibilidades de aplicar los análisis, las actitudes y los comportamientos ambientales a la vida cotidiana escolar, familiar y social.

Redescubrir la Solidaridad

            El concepto de solidaridad adquiere en la actualidad un significado ético que designa la convicción de que cada persona debe sentirse responsable de todos los demás como requisito que nos ayuda a vivir mejor unos con otros, en un encuentro necesario y libre, en el que cada cual gracias a la cooperación, el desinterés y la generosidad, ofrece lo mejor de sí para el bien de la comunidad, a la vez, que desarrolla también todas sus potencialidades. Como ha escrito M. Buber (1979): “El hecho fundamental de la existencia humana no es ni el individuo en cuanto tal, ni la colectividad en cuanto tal. Ambas cosas, consideradas en sí mismas, no pasan de ser formidables abstracciones. El individuo es un hecho de la existencia en la medida en que entra en relaciones vivas con otros individuos; la colectividad es un hecho de la existencia en la medida en que se edifica con vivas unidades de relación. El hecho fundamental de la existencia humana es el hombre con el hombre”. Pero el significado ético de la solidaridad debe también completarse desde una forma nueva de leer la realidad de manera crítica que nos alerta y previene de algunos peligros como la presión que ejercen los países desarrollados sobre los países empobrecidos; los límites de un crecimiento económico imposible de universalizar con la consiguiente existencia de una nueva ciudadanía que emerge desprovista de algunos derechos; el peso del pensamiento único que impone la globalización económica y el control social a través del dominio exclusivo y excluyente de los medios de comunicación e información… Estos obstáculos o desafíos que ponen en peligro la cohesión social demandan una cultura de la solidaridad disidente (Aranguren, 1997) con otros modelos anteriores caracterizada por ser un valor ético apropiable que no busca el resultado inmediato sino la eficacia en la realización de proyectos de reinserción social, de creación de bienes y servicios necesarios para la población excluida; promueve un movimiento social y ciudadano desde la adquisición y formación moral de la ciudadanía que participa en un proceso comunitario a favor de la justicia; y constituye una experiencia de reencuentro y acercamiento con los otros desde la ternura y la esperanza.

Este redescubrimiento de los valores humanos pretende guiar las dimensiones de la persona desde una nueva forma de construir la organización social que – desde el conocimiento crítico de la realidad- busca y construye una nueva cultura fundada en una nueva forma de comportamiento pro-social y un modo diferente de pensar y de actuar ( De Felipe, A-Rodríguez, L. 1995) que tiene como misión hacer sujetos de derecho a los más desprotegidos. ¿Acaso tiene otro sentido y otra obligación moral nuestra vida que aquella que construye un mundo más justo para todos? Si es así, la educación que se inspira en los valores de la Cultura de Paz requiere una reinvención de la solidaridad que se debe extender desde lo más próximo a lo más distante, desde lo más local a lo más global, desde el ámbito del aula a los espacios de la comunidad. En este sentido, a la educación para la paz y los derechos humanos no sólo le corresponde alcanzar como objetivos aquellos que se derivan de los propios contenidos de los instrumentos internacionales sobre la misma materia, sino también los que pertenecen a una educación en valores que persiga un aprendizaje moral y cívico a través del cual el alumnado conozca y dialogue sobre los problemas éticos más significativos según su experiencia vital; y desarrolle la capacidad de descubrir por sí mismo nuevos problemas, aprenda a construir juicios de valor sobre ellos y responda positivamente a los problemas con los que se enfrenta. Y por otro lado, este aprendizaje de la interdependencia y de la solidaridad -desde un enfoque crítico con la racionalidad tecnológica- debe conducir al fomento de actitudes favorables a la cooperación internacional y a la transformación político-económica de las relaciones entre los pueblos, valorando el cambio social. En síntesis, dos elementos básicos constituyen la cultura de la solidaridad: la solidaridad con los más pobres y la solidaridad internacional. Aquí la educación, instrumento crucial de cambio, debe ser (Fisas. 2001): 1/Una educación para la crítica y la responsabilidad ligada al reconocimiento del valor del compromiso ético, de la asociación con los demás para resolver problemas y trabajar por una comunidad mundial justa, pacífica y democrática; 2/ Una educación pro-social y para la convivencia orientada a constituir un esfuerzo individual y colectivo capaz de contrarrestar la cultura de la violencia (directa, cultural y estructural) y de consolidar una nueva manera de ver, entender y vivir el mundo; 3/ Un aprendizaje útil para transformar los conflictos de manera pacífica en diferentes ámbitos, no sólo en el plano educativo, convirtiéndose así en una práctica social del intercambio y la mediación; 4/ Una educación que desaprenda la cultura del patriarcado y la mística de la masculinidad favoreciendo una convivencia humana sin exclusiones basada en las relaciones igualitarias entre hombres y mujeres; una educación del cuidado y de la ternura que supere las dinámicas destructivas y desnaturalice todo tipo de violencia; 5/Una educación, en definitiva, que se traduzca en cambios de conducta, resuelta a satisfacer las necesidades humanas básicas y a movilizarse a favor de la cultura de paz; democratice el conocimiento y permita el acceso de todos a la información como exigencia para el ejercicio de una ciudadanía verdaderamente democrática; y configure un orden mundial basado en la seguridad humana.

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Acerca de Reynaldo Alvares Millan

Profesional que aplica coaching a aquellas personas que quieren realizar un cambio en su vida a través de su propio desarrollo personal positivo, que siempre comienza a nivel interno y sea capaz de conseguir sus objetivos al hacerse consciente de sus creencias, sus valores y su entorno.
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