NAVIDAD 2012.

Las fiestas navideñas, cada vez más alejadas de su original significado, se han constituido en Venezuela, como en todo el mundo, en la época del año en la que con mayor crudeza se manifiesta una de las características más cuestionables de la cultura contemporánea: el consumismo.

Los regalos se han convertido en la manera privilegiada de expresar los afectos y esto da lugar a que todos, independientemente de sus reales posibilidades económicas, se sientan obligados a comprar de manera poco menos que compulsiva. Así, para muchas familias, incluso las económicamente privilegiadas, la Navidad, lejos de ser un motivo para que los ánimos se serenen y las fuentes de alegría se multipliquen, se convierte en una causa de angustias, ansiedades, deseos desenfrenados de poseer más y mejores cosas. Y como lo que se ofrece en el mercado a través de la publicidad es siempre más de lo que se puede adquirir, la Navidad termina siendo una enorme fuente de insatisfacciones.

El resultado de esa manera colectiva de actuar es que esta fiesta no sea una ocasión propicia para la satisfacción, sino todo lo contrario. Es la fiesta de las necesidades artificialmente creadas, de los deseos provocados, de las frustraciones inducidas. Y los más afectados, las principales víctimas, precisamente en nombre de quienes se hace todo: los niños. Pero los antojos de los niños son también los que más difícilmente se pueden satisfacer; así que al someterlos a una infinita fuente de deseos, por un lado, y una muy limitada posibilidad de satisfacerlos, por la otra, se hace de ellos las principales víctimas de una cruel maquinaria productora de frustraciones. Todo lo contrario de lo que originalmente representaba la imagen del pesebre.

Al haberse convertido la Navidad en la fiesta consumista por excelencia, en la que los viejos valores quedan tan completamente opacados ante el afán de comprar, comprar y comprar, que resulta inevitable preguntarse si alguien todavía se acuerda de verdad del significado original de la celebración.

Solemos tener un concepto de la Navidad influenciado por las experiencias del pasado. No las afrontamos con espíritu abierto y libre de recuerdos sino que nos dejamos arrastrar por memorias de un pasado que ya no existe. Esto nos lleva en ocasiones a no disfrutar de las fiestas verdaderamente. Lo ideal sería vivir estas fechas como si fuera la primera vez, disfrutando del momento presente sin dejarnos arrastrar por emociones ancladas al pasado que nos impiden disfrutar el ahora, gozar del momento y ver lo positivo y nuevo que nos trae la vida en ese instante preciso.

Las antiguas culturas de todos los lugares del planeta celebraban en estas fechas el solsticio de invierno. El sol en esta época está más alejado, hace más frío y hay más escasez de todo. El sol es la fuente de vida y de calor. Los hombres observan claramente que el sol retornará y la Naturaleza volverá a mostrar su abundancia y esplendor. Los individuos se reúnen en torno a una fogata para proporcionarse luz, calor y comida. Todos se unen y comparten lo que tienen. Esto con el tiempo se transforma en una celebración y ceremonia. El fuego es la representación del sol momentáneamente alejado y es también elemento transformador de todo. En la noche solsticial se intercambian objetos, es noche de solidaridad, de amor y de esperanza. Todas las culturas han homenajeado al sol en estas fechas. La vida renacerá es el sentido de la celebración.

Así como la Navidad representa el nacimiento de Jesús el Cristo y todo lo que ello conlleva, también nosotros podemos celebrar en esta época el comienzo de la búsqueda de nuestro Renacer Interno. El Renacer Interno de una conciencia Responsable, Solidaria, donde aprendamos a escucharnos honestamente e identificar cuales son nuestras verdades, nuestros auténticos deseos, aquellos que nos nacen del corazón y nos hacen sentirnos bien. Dejemos que nuestros sentimientos se expresen, empecemos a ser nosotros mismos sin máscaras, sin ataduras, sin dudas y sin miedos.

Recordemos la frase de Lao Tse: “Todo camino, por más largo que sea, comienza por un pequeño paso”, y hagamos que nuestro pequeño paso sea celebrar esta Navidad de forma consciente de acuerdo al compromiso con nosotros mismos.

Feliz Navidad…!Feliz Renacer…!

Reinaldo Alvares Millán.

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Acerca de Reynaldo Alvares Millan

Profesional que aplica coaching a aquellas personas que quieren realizar un cambio en su vida a través de su propio desarrollo personal positivo, que siempre comienza a nivel interno y sea capaz de conseguir sus objetivos al hacerse consciente de sus creencias, sus valores y su entorno.
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