¿DARLE CONTENIDO A LA VIDA…?

Escuchaba en días pasados el discurso del presiente del Uruguay Pepe Mujica en la reunión de UNASUR y soltó esta frase “Si sos joven tienes que saber esto. La vida se te escapa. Se te va. Minuto a minuto. Y no puedes ir al supermercado a comprar vida. Entonces, lucha por vivirla. Por darle contenido a la vida. La diferencia de la vida humana a las otras formas de vida es que tu le puedes dar, hasta cierto punto, una orientación a tu vida”. La frase subrayada me llamo la atención, conociendo el origen y desarrollo de este  político y en el contexto en el cual fue pronunciado.

¿Como se le da contenido a la vida?

Con esta frase comienza una tormenta de idea y para poderla  desarrollar surge otra pregunta: ¿QUÉ TIENE CADA UNO EN SU MENTE?

Cuando vemos a una persona, conocida o no, surge la necesidad de indagar acerca de cómo es su vida y en qué cosas o cuestiones ocupa su tiempo y los espacios de su mente. Así, investiga acerca de aspectos relacionados con las condiciones materiales, de confort, de trabajo, de convivencia, si tal persona tiene aspiraciones y metas, si posee familia, vive bien, de manera confortable o sufre necesidadesDe esta manera, la gran mayoría cree conocer a los demás, sin advertir que tales indagaciones y suposiciones pueden estar condicionadas y provenir del propio modo de ser, de vivir y pensar de quien observa, es decir, está relacionada con su historia familiar, social, cultural, barrial, laboral y con las preferencias y hábitos cotidianos.

También debemos agregar otra información más sutil y profunda, referida al  contenido de la vida y se trata del contenido mental y sensible que algunos individuos construyen para hacer más fecunda, consecuente y provechosa la vida que están viviendo bajo el pronóstico de su propia conciencia y se fundamentan en:

  • Mejorar la vida, en hacerla evolucionar y trascender.
  • Ser conscientes de que vivir la vida no significa vincularla a los comportamientos rutinarios del consumismo, la superficialidad y la trivialidad.
  • Incorporar nuevos valores para el bien propio y ajeno.
  • Ampliar el espacio y el tiempo de la vida al cerco estrecho de la satisfacción inmediata perseguida a toda costa.

Visto así, el contenido de la mente (imágenes y pensamientos) de un sujeto, definen e inciden en el contenido de su vida y le marcan su grado de alegría, malestar o bienestar.

Ahora bien, ¿Como se le da contenido a la vida en Venezuela? Solo queda revisar algunos aspectos que influyen en el contenido de la mente de los venezolanos.

Desde mi visión, y sin intención de polemizar, considero que la sociedad venezolana ha sufrido un cambio social, un proceso de transformación  partiendo de la manera en que está organizada la sociedad, de la misión y las estructuras de las instituciones y de la distribución del poder en el marco de las diversas instituciones sociales y políticas que la integran. Cuando se trata de cambiar los comportamientos en gran escala, producto de un cambio social, es necesario tener en cuenta determinadas prácticas culturales, normas sociales y desigualdades estructurales perniciosas. Pues, los enfoques del cambio social tienden a considerar a las comunidades como los sujetos del cambio. Esto lo hemos estado viviendo los últimos 15 años; individuos, comunidades cambiando su entorno, pero desde el resentimiento, la violencia, el abuso, generando un altísimo estado de alegría para muchos, malestar para otros y bienestar para pocos.

Un cambio social puede generar o un ascenso o un descenso social, si logra generar el cambio de personas, grupos de personas o partes de la población a posiciones o status de menor o mayor prestigio social y oportunidades en la vida. La posibilidad o peligro de descenso ha aumentado, en general,  en la sociedad venezolana, pues, el descenso colectivo está especialmente relacionado con las situaciones críticas que estamos experimentando.

Ahora los venezolanos sólo se ocupan de los problemas del día a día o de los problemas futuros que todavía no llegan; vivimos  inmersos y condicionados por los estímulos que van pasando minuto a minuto; creemos iluminar nuestras vidas utilizando lemas, estereotipos y criterios ajenos; otros iluminan y orientan sus vidas con creencias falsas y fanatismos crónicos y muchos se encapsulan en el pasado en medio de preocupaciones estériles. Ante estos comportamientos, que son indicadores de un descenso social, los propios valores y el bienestar, así como las posibilidades de contacto social, se ven perjudicados o comprometidos.

Evitar esta caída  abrupta de una comunidad o sociedad generando lo contrario a lo que experimentamos en Venezuela, requiere preparación y formación, motivación laboral, flexibilidad y, a menudo, cultivo de las «buenas relaciones», que generaría un ascenso social del grupo.

¿Como se puede revertir este descenso?

Para Emilio Lledó, educar es crear libertad, dar posibilidad al pensar.  Y la mejor manera de aprender a pensar es pensando en los demás.

En este pensamiento, se identifica como un individuo puede darle contenido a su vida. Y es a partir de la educación de una  sociedad dinámica, como un ser humano realmente vivo no es solamente lo que es, sino lo que quiere llegar a ser. No se deja vencer por la incertidumbre ni el miedo a lo desconocido. Uno es también lo que se siente capaz de ser. La incertidumbre forma parte de la vida y es una condición esencial de la existencia. La educación debe ser capaz de suscitar la curiosidad estimulando el pensamiento y la observación de lo que nos rodea. Solo el vanidoso y narcisista, situación que vivimos en Venezuela, está contento consigo mismo porque se siente seguro con sus dogmas y su vida programada. Pero la vida humana nunca es lineal ni predeterminada.

Las propuestas de educación que no incorporen una crítica al modelo de desarrollo y al sistema económico se convierten en cómplices y legitimadores del actual “desorden estructural”, y es lo que vivimos. La cultura consumista actúa como anestesia de conciencias y adocenamiento colectivo. Se intenta desactivar los conflictos y distraer la opinión pública de la gravedad de la situación vía consumo intensivo y banalización, lo vivimos con el Dakazo, o mi Casa Bien Equipada; que terminan convirtiéndose en formas sofisticadas de alienación cultural y manipulación psicológica-mediática.

A esta estrategia de creciente “idiotización” colectiva no son ajenas los modelos de pensamiento que enferman y perturban el contenido de la vida de los individuos,  cuando priorizan las cosas, los bienes y el dinero a las personas, los lazos humanos y al entorno quedando de este modo esterilizada e insustancial.

Ciertamente, vivimos en una sociedad que muestra un franco deterioro en la capacidad de convivencia entre los seres humanos (y de éstos con la naturaleza), y bien podríamos achacar este deterioro a la pérdida de ciertos valores “tradicionales”, en especial, aquellos que supuestamente han forjado nuestra nacionalidad y nuestra cultura: el trabajo, la vida en familia, la honradez, la educación, la libertad, el patriotismo, el respeto a los demás, la solidaridad y la paz. Pero quizás el problema central no reside en los valores que no se cumplen, sino en los valores que efectivamente se cumplen.

Por eso, tenemos que hablar de los valores centrales de nuestra sociedad, aquellos que en estas lamentaciones casi nunca se mencionan. Estos son: la competitividad, la eficiencia, la racionalidad instrumental, el egoísmo, la masculinidad patriarcal y, en general, los valores de la ética del mercado y del patriarcado.

Los podemos sintetizar en un valor central, el valor del cálculo de la utilidad propia, sea por parte de los individuos o de las colectividades que se comportan y que calculan como individuos; como son los Estados, las instituciones, las empresas y las organizaciones corporativas y gremiales en general. Estos son los valores que se han impuesto en nuestra sociedad actual con su estrategia de globalización, y su expresión más extrema se encuentra en las teorías sobre el “capital humano”. 

Para que los discursos sobre la recuperación de los valores tradicionales no sea simple moralina, es necesario, es urgente; reconocer los verdaderos valores dominantes de la sociedad actual y el impacto que estos generan en las relaciones humanas. Antes que “volver a los valores” necesitamos una nueva racionalidad, tanto económica como de la convivencia. Necesitamos también una nueva economía “para la vida”, así damos contenido a nuestras vidas,  que sea suelo fértil para nuevos valores, como aquellos de la igualdad real, la solidaridad, la justicia y la democracia real, los valores de una economía social y solidaria.

Saldremos de ella cuando los valores sean restituidos. Ninguna solución técnica que no tenga en cuenta los valores éticos tendrá un resultado positivo.

Y en nuestra condición de miembros responsables de la sociedad, todos nosotros queremos que los individuos y las organizaciones que nos representan actúen con ética. Sin embargo, quienes toman las decisiones que afectan a la sociedad, tienden a ignorar los puntos ciegos que les impiden hacer precisamente eso… ser éticos.

 

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Acerca de Reynaldo Alvares Millan

Profesional que aplica coaching a aquellas personas que quieren realizar un cambio en su vida a través de su propio desarrollo personal positivo, que siempre comienza a nivel interno y sea capaz de conseguir sus objetivos al hacerse consciente de sus creencias, sus valores y su entorno.
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